Hasta hace menos de cinco años, quizá justo antes de la puesta en vigor del Código Técnico de la Edificación, se han construido en Madrid bloques de viviendas con pocas diferencias a los construidos a finales de los sesenta. Es decir, que en cuarenta años, los edificios dedicados a la vivienda urbana aunque hayan ido aumentado de precio, su avance, desarrollo y mejora en cuanto a aspectos tecnológicos e innovadores ha sido casi inexistente. Las mejoras se han limitado al uso de nuevos materiales, o la inclusión de elementos básicos por seguridad. Ahora gracias al estallido de la burbuja inmobiliaria se ha ralentizado su construcción, menos mal. Las constructoras no han invertido en investigación en el campo de la vivienda y todas las incorporaciones actuales vienen dadas por obligación, por ley, y gracias a tecnologías externas que ni siquiera son capaces de integrar aún de manera satisfactoria en los edificios. Los compradores de un piso a un precio que muchos no han podido adquirir (y otros no han querido, sería comprensible), aún tuvieron que pagar por un sistema de aire acondicionado de marca extranjera para “decorar” la fachada de su nuevo piso. Un remedio nada estético y sobre todo poco eficiente. Este es el paisaje de la España “moderna” de principio de siglo, la que se ha “desarrollado” ladrillo a ladrillo.
Blog personal de un madrileño que contempla su ciudad. Intenta ser un elemento de difusión y generación de conocimiento sobre el concepto de paisaje urbano, así como una expresión ciudadana crítica e ideológica.
martes, 22 de noviembre de 2011
Tecnología y edificación
Hasta hace menos de cinco años, quizá justo antes de la puesta en vigor del Código Técnico de la Edificación, se han construido en Madrid bloques de viviendas con pocas diferencias a los construidos a finales de los sesenta. Es decir, que en cuarenta años, los edificios dedicados a la vivienda urbana aunque hayan ido aumentado de precio, su avance, desarrollo y mejora en cuanto a aspectos tecnológicos e innovadores ha sido casi inexistente. Las mejoras se han limitado al uso de nuevos materiales, o la inclusión de elementos básicos por seguridad. Ahora gracias al estallido de la burbuja inmobiliaria se ha ralentizado su construcción, menos mal. Las constructoras no han invertido en investigación en el campo de la vivienda y todas las incorporaciones actuales vienen dadas por obligación, por ley, y gracias a tecnologías externas que ni siquiera son capaces de integrar aún de manera satisfactoria en los edificios. Los compradores de un piso a un precio que muchos no han podido adquirir (y otros no han querido, sería comprensible), aún tuvieron que pagar por un sistema de aire acondicionado de marca extranjera para “decorar” la fachada de su nuevo piso. Un remedio nada estético y sobre todo poco eficiente. Este es el paisaje de la España “moderna” de principio de siglo, la que se ha “desarrollado” ladrillo a ladrillo.
miércoles, 26 de octubre de 2011
Cultura Arquitectónica
Reforma en el marco de un portal hecha con un enlosado que borra el diseño clásico original. Distrito de Arganzuela.
El Plan General de Ordenación Urbana contempla varios niveles de protección para los edificios. El de menor protección es el nivel 3. El artículo 4.3.4 apartado 3 dice:
“Edificios con nivel 3 de protección: En este caso la protección no se extiende a la totalidad del edificio, sino solo a determinados valores. Se dividen en dos grados:
a) Parcial: Que protege aquellos elementos del edificio que lo caracterizan y sirven de referencia para comprender su época, estilo y función.
a) Parcial: Que protege aquellos elementos del edificio que lo caracterizan y sirven de referencia para comprender su época, estilo y función.
b) Ambiental: Cuando se protegen los valores de la fachada de un edificio por su integración en el ambiente de la ciudad, como elemento que contribuye a la comprensión global del paisaje urbano, pero no precisa necesariamente el mantenimiento físico de la misma”
El Catálogo General de Edificios Protegidos recoge el listado de edificios con expresión de su dirección postal, nivel y grado de protección y número de catálogo.
Quiero fijarme en un hecho que también afecta a cualquier edificio anterior a los años sesenta del pasado siglo. Me refiero a la reforma o adorno de fachadas o portales, el caso más grave tiene que ver con los locales comerciales. Numerosas veces esa actuación ignora completamente la línea arquitectónica original del edificio. El resultado es un añadido ajeno a la imagen del resto del edificio, el cual queda desvirtuado. Con frecuencia se recurre a losetas de piedra natural para revestir el marco de un portal o una fachada, con la complacencia y satisfacción de los inquilinos por la nueva “elegante” imagen, comentando: “¡Qué bien ha quedado el portal!”. Cuando lo que se ha hecho es destrozar la imagen general de la fachada y del edificio. ¿Por qué tan estrecho punto de vista? Quizá por falta de cultura arquitectónica, falta de oferta de servicios profesionales competentes o falta de información. En el caso de los comercios está más claro.
No sería de extrañar que una ausencia de cultura permita a los actuales cargos municipales actuar de manera que cualquier rehabilitación se convierta en una superficie lisa de granito, sin coherencia histórica, sin adorno y sin apenas vegetación. Interminables metros cuadrados de granito que se extienden por plazas y espacios abiertos. Metros cuadrados y también cúbicos, porque hasta los bancos aparecen como monolitos de granito, perfectamente prismáticos. ¡Qué diáfano y moderno! Y qué desperdicio para esta noble piedra natural a la que tanto debe Madrid.
miércoles, 21 de septiembre de 2011
¿Tirar o rehabilitar?
Estado de abandono del Frontón Beti-Jai. Distrito de Chamberí.
(Foto cortesía de la Plataforma "Salvemos el Frontón Beti-Jai de Madrid".Me pregunto si realmente se realiza esta valoración a la hora de tirar un edificio o construcción. Y si se hace, ¿se tienen en cuenta los criterios adecuados? En muchas ocasiones el único criterio es el económico. A causa de ello han desaparecido para siempre elementos que han formado parte del patrimonio arquitectónico madrileño. En el mejor de los casos se salva parte o se traslada a otra ubicación, como restos desconexos y faltos de valor cuyo único sentido es ser testigos de su auténtico pasado.
lunes, 19 de septiembre de 2011
Puede hacerse bien y sin derroche
Fachada característica de los antiguos edificios de la calle Tomás Bretón. Distrito de Arganzuela.
Edificio de nueva construcción que reproduce las líneas arquitectónicas y los elementos de sus vecinos de calle.
Cuando un edificio desaparece porque ha sido demolido y deja un espacio que será ocupado por otro nuevo, caben varias posibilidades dependiendo de las condiciones originales y las que llevaron a la demolición. Una posibilidad que puede parecer lógica pero poco contemplada sería rehacer el edificio tan como era o de una forma aproximada. Otra sería construir un edificio con algunas características similares, y la última hacer algo diferente. Las causas y criterios de elección son variados, pero lo ideal sería no excluir los criterios paisajísticos, artísticos e históricos para evitar impactos excesivos o pérdida de patrimonio arquitectónico. Lástima que aún la consideración de esos criterios no es obligatoria. Aunque lo fuera, siempre habría margen para adoptar posibilidades de diferente coste. Además éste no es el factor determinante, ya que con frecuencia se elige una opción cara y poco integrada en el paisaje.
martes, 16 de agosto de 2011
Arquitectura anodina
Me resulta algo decepcionante pasear por una calle, cuyos edificios guardan una identidad común en épocas y estilos, y encontrarme con un edificio nuevo cuyo estilo es inexistente. Porque, ¿cómo podemos calificar a un edificio tan simple como un cubo?, de ¿moderno?, ¿ecléctico?, tal vez ¿minimalista? No, no tiene ninguna de esas categorías, sencillamente es anodino, soso, simplón, insulso y hasta patético. Es incluso irritante, ¿cómo un edificio así tiene el atrevimiento de plantarse ahí en medio? Sin ningún respeto por sus vecinos. ¿Hasta dónde llega el desprecio, la ignorancia, el vacío, la falta de coherencia, de arte y oficio? A veces, con tan solo un poco de atención, de sensibilidad artística, se pueden hacer milagros y minimizar el impacto. Otras, con un poco más, hasta mejorar lo existente. No es excusa que en la actualidad los presupuestos sean más límitados, creo que no tiene por qué ver con esto.
¿Modernidad o Impacto?
Edificio de la calle de Princesa con un añadido moderno en la parte superior.
Esta es una gran controversia en el paisajismo urbano. El concepto de valor paisajístico tiene ciertas dosis de subjetividad. Por ejemplo cuando se produce una ampliación o modificación de un edificio antiguo con elementos modernos. La aparición de nuevos elementos es un factor que siempre va a provocar una transformación importante en la vista de un edificio. Es, por tanto, una cuestión bastante delicada que en pocos casos resulta estética y paisajísticamente positiva. En la mayoría de los casos, solo cabe esperar que esa nueva imagen no sea demasiado desafortunada. Aunque no es imposible que la aparición de elementos modernos pueda resultar interesante. Pero ante esta delicada situación son demasiadas las veces en que no se opta por una opción conservadora desde el punto de vista paisajístico, me refiero a una opción inteligente, práctica, integradora y eficaz. También en otros casos más singulares, motivados por numerosos factores de egocentrismo, megalomanía, y sobre todo lucro o publicidad política, se erigen estructuras modernísimas y carísimas sin otro sentido que el lucimiento y lucro del arquitecto y constructor, y la satisfacción del político o empresario. Todo ello a costa de la racionalidad, austeridad y buen criterio basado en aspectos paisajísticos, históricos, culturales, sociales; en definitiva, de una arquitectura más culta y amable.
Esta es una gran controversia en el paisajismo urbano. El concepto de valor paisajístico tiene ciertas dosis de subjetividad. Por ejemplo cuando se produce una ampliación o modificación de un edificio antiguo con elementos modernos. La aparición de nuevos elementos es un factor que siempre va a provocar una transformación importante en la vista de un edificio. Es, por tanto, una cuestión bastante delicada que en pocos casos resulta estética y paisajísticamente positiva. En la mayoría de los casos, solo cabe esperar que esa nueva imagen no sea demasiado desafortunada. Aunque no es imposible que la aparición de elementos modernos pueda resultar interesante. Pero ante esta delicada situación son demasiadas las veces en que no se opta por una opción conservadora desde el punto de vista paisajístico, me refiero a una opción inteligente, práctica, integradora y eficaz. También en otros casos más singulares, motivados por numerosos factores de egocentrismo, megalomanía, y sobre todo lucro o publicidad política, se erigen estructuras modernísimas y carísimas sin otro sentido que el lucimiento y lucro del arquitecto y constructor, y la satisfacción del político o empresario. Todo ello a costa de la racionalidad, austeridad y buen criterio basado en aspectos paisajísticos, históricos, culturales, sociales; en definitiva, de una arquitectura más culta y amable.
El terror del cristal y el acero
No hay nada más “moderno”, ni más dispar y antiestético, que un edificio revestido de vidrio y acero entre los edificios clásicos de Madrid. La moda ha sido acogida y permitida por las Administraciones Públicas. Hay numerosos ejemplos, como el de la fotografía, en la calle Génova número 27. Junto al antiguo edificio del Tribunal Económico se erige, o mejor dicho, está incrustado un mamotreto que parece la torre de control de un aeropuerto. El edifico fue remodelado en el año 2005.
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